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Estaciones inteligentes y movilidad intermodal: ejes de las smart cities


Por: Julio Lozano, director de la cuenta de Transporte de Sopra Steria España.

En el ámbito de las smart cities, el concepto de transporte ha dado paso al de movilidad. La sostenibilidad y el consumo eficiente, asuntos clave a la hora de hablar de ciudades inteligentes, han llevado a los ciudadanos a utilizar cada vez más el transporte público y a gobiernos y empresas privadas a destinar un 8% de su inversión en esta área.
El impacto de la digitalización en la movilidad pasa por la transformación de los espacios para proveer nuevos modelos de negocio y nuevos servicios a los viajeros.
Las estaciones son lugares donde concurre una gran afluencia de gente por distintos medios de transporte: unos llegan en su vehículo particular, otros van en bicicleta, hay quien utiliza otros medios públicos como el taxi y autobuses, otros el mismo tren con  billetes con origen y destino. Por lo tanto, lo que se pretende con las estaciones inteligentes es convertirlas en un centro de transporte intermodal.
Este es de hecho, uno de los principales modelos de negocio. Ya ha habido iniciativas para incorporar, por ejemplo, bicicletas eléctricas de alquiler en las estaciones y, en los próximos años habrá un refuerzo de la intermodalidad en todas las instalaciones.
La tecnología tiene mucho que aportar en el diseño de las nuevas estaciones y en la transformación de la experiencia del viajero. En este sentido, se pueden desarrollar, por ejemplo, aplicaciones móviles que proporcionen un plan de viaje según los gustos del usuario y muestren las distintas opciones de transporte y conexiones. Esta solución mostraría indicaciones de cómo llegar a la terminal de salida, así como ofertas comerciales de las tiendas por las que pasa el usuario. Debido a la interoperabilidad con empresas de turismo, sería posible también beneficiarse de descuentos en hoteles cercanos, en función del destino.
Las empresas propietarias de estaciones de larga y media distancia, se han dado cuenta de que en estos espacios no solo suben y bajan viajeros, sino que hay una fuerza comercial muy potente de empresas que se establecen en estos lugares de paso.
Ya no se trata tan solo de ir a una estación para coger un tren, sino convertir las estaciones en centros de servicios asociados al viaje, como determinar las tiendas más rentables, realizar ofertas comerciales personalizadas u ofrecer wifi gratuito en otros puntos de la ciudad entre el origen y el destino.

Un catálogo de ofertas infinito

En cuanto a la gestión, se puede llevar a cabo, por ejemplo, el mantenimiento en las estaciones con gafas de realidad virtual. Un operario hace una revisión y allí donde ve una anomalía levanta una incidencia que queda grabada.
El catálogo de ofertas es interminable: diseños basados en la diversidad funcional, electrolineras que aprovechan la energía generada por los trenes al frenar, sensores que miden la calidad del aire y la temperatura, etc.

¿Qué necesita una estación para ser inteligente?

Hay tres elementos clave que permiten definir una estación cómo inteligente.

1-Por un lado, hay que tener en cuenta la eficiencia. El consumo energético tiene que basarse en la autogeneración, ya sea por vía solar, eólica o por el aprovechamiento de la fuerza del frenado de los trenes. Se espera un importante ahorro de costes al reducir significativamente la operativa en cuanto a recursos y energía gracias a la tecnología.

2-Por otro lado, hay que mencionar la cultura “open data”. Mucha de la información que se genera en las estaciones puede   ser abierta para que pueda ser utilizada  por otros actores públicos de las smart cities  (empresas públicas, ayuntamientos) y también empresas privadas, agencias de viajes,, etc. Siempre con el consentimiento de los usuarios. Además, la estación inteligente tiene que nutrirse de los datos de todas esas organizaciones para lograr alcanzar la interoperabilidad con las ciudades.

3-Por último, pero no menos importante, se encuentran las personas, ya sean usuarios del transporte o profesionales.
El ciudadano es uno de los ejes principales de la construcción de las smart cities, no solo por la orientación con la que se diseñan las urbes, que permite mejorar su calidad de vida, sino por estar implicado en su construcción.
Las iniciativas smart aplicadas a la ciudad van mucho más allá del desarrollo de la tecnología y se relacionan también con la participación ciudadana y su impacto en cuestiones sociales y “humanas”, como la educación, el capital social y, por supuesto, la movilidad.
De este modo, se vuelve fundamental investigar cómo las personas perciben e interactúan con el espacio público y cómo las tecnologías móviles van transformando las relaciones.

En este caso, son los ciudadanos quienes demandan, desde abajo, los servicios, y quienes participan en el desarrollo de las soluciones.

Tendencias tecnológicas en movilidad

En cuanto a las tecnologías involucradas, son todas aquellas que tienen que ver con lo smart.
Cabe destacar el internet de las cosas (mediante la instalación de sensores), el big data(pues todos esos datos generados por los dispositivos tienen que ser volcados en un sistema de gestión) y los cuadros de mando (para convertir en conocimiento la información y hacer simulaciones, tomar decisiones, etc.).
La inteligencia artificial es especialmente importante. Permitirá que los vehículos puedan controlar la velocidad, aparcar y tomar decisiones incluso mejor que los humanos. El sistema de reconocimiento de imágenes que se ha reseñado más arriba usaría IA para ir más allá de la detección de bultos e identificar formas y saber, por ejemplo, si por las vías ha pasado un animal, una máquina o una persona.
Las estaciones del futuro
Se espera que en 2020 el mercado de las smart cities supere el billón de euros, tras experimentar un crecimiento interanual del 20% desde el 2014. Este crecimiento será debido al incremento de la inversión en políticas medioambientales y tecnologías eficientes y al aumento de la urbanización, entre otros factores.
El mercado de smart cities está experimentando enormes oportunidades de crecimiento a nivel mundial, especialmente en los países en desarrollo de Asia Pacífico y EMEA (Europa, Oriente Medio y África). Europa abarca la mitad del mercado total, aunque las regiones de América Latina y Asia Pacífico crecerán en torno al 40% cada una hasta 2020, debido a la cantidad de proyectos smart city que planean llevar a cabo.

Aunque Europa y América del Norte seguirán teniendo el mayor segmento del mercado, la proporción con respecto a otras regiones disminuirá considerablemente.

Las tendencias en movilidad se orientan hacia estaciones que prácticamente no tengan carreteras que lleguen a ellas. Una de las ideas directoras es eliminar de las ciudades el máximo tráfico rodado posible y combinar los medios de transporte más eficientes, incluido el aéreo del que ya hay atrevidos diseños. Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Santander o Bilbao, son algunas de las principales smart cities españolas. España se encuentra aún en etapas tempranas  aunque sus ciudades y su infraestructura ferroviaria ocupan una buena posición en los rankings entre los países más punteros en cuanto a nuevas tecnologías, smart cities y movilidad.

Por ejemplo, en la estación de Málaga, Adif tiene un centro de tecnología donde ofrece a las empresas privadas desarrollar pruebas de concepto en sus instalaciones.

No obstante, aunque nuestro país se encuentra a la vanguardia global en el despliegue de infraestructuras ferroviarias, otros países como Francia o Japón nos llevan la delantera a la hora de convertir las estaciones en verdaderos centros de conexión inteligentes. Sin duda, España tiene la oportunidad y el reto de poner sus estaciones a la altura de su capacidad para desplegar infraestructuras de alta velocidad y hacer de ellas el centro de las ciudades del futuro

Fuente:computing.es

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