Header Ads

Breaking News
recent

Chile, un grupo de ciudadanos busca mejorar el criticado Transantiago

Cuando el Transantiago retiró la línea de buses 122, los miembros de STPMet le hicieron una fiesta de despedida a este recorrido. Foto: STPMet

Fuente: univision.com
Por: Maria Ignacia Pentz- Citylab Latino

En un café del sector oriente de Santiago de Chile, cinco hombres hablan del sistema de transporte público de su ciudad, el Transantiago. De las líneas de buses con mejor y peor frecuencia. De que prefieren los autobuses por sobre el Metro. De estudios de flujo, de planes operacionales, de evasión, de servicios normales, variantes y expresos. También recuerdan la fiesta de despedida que ellos mismos organizaron al recorrido 122 —conocido como ‘Circuito Cultural’—, cuando este dejó de operar, entre globos, gritos y aplausos. De su afán por subirse a todos los servicios de la red. De la historia de cada microbús. De su colección de tarjetas de pago y letreros con las rutas. Hablan y hablan, siempre entusiasmados, vibrando con un tema que, para muchos, es árido y lejano.

Por lo mismo, la prensa hace unas semanas los apodó “ fans” y “ amigos” del Transantiago, aunque a ellos, dicen, eso no les acomoda ni los representa. “Somos observadores y conocedores del sistema”, corrige Jorge González (30), fundador de STPMet (Servicio de Transporte Público Metropolitano), una comunidad de usuarios y trabajadores del Transantiago. Junto a él están César Barraza (36), Bastián Estay (22), Maximiliano Barra (21) y Vicente Durán (16), cuatro de los diez que conforman la plana mayor y organizada del proyecto que, sólo por voluntad, estudia el sistema con el propósito de mejorarlo.

Y, aunque a ratos es difícil seguirles el hilo entre la enorme cantidad de información, análisis, anécdotas y bromas internas, una cosa sí es clara: el transporte público es su obsesión y conocen de punta a cabo el Transantiago, con sus 480 recorridos de autobuses y más de 11,000 paradas. No se les escapa un solo detalle. Y se jactan de ello. “Me preguntas cualquier recorrido y me lo sé. Los sé de memoria porque reviso los planes operacionales desde que comenzó el Transantiago en 2007”, asegura Gónzalez, su líder.

Los miembros de esta agrupación vivieron directamente cómo el transporte público y su ciudad cambió de un día para otro. Fue hace diez años, el sábado 10 de febrero de 2007, cuando Santiago de Chile dejó de funcionar como lo hacía antes. El gobierno de turno inició este nuevo plan de transportes de manera radical y el resultado fue un caos: atochamientos en las calles, aglomeraciones sin precedentes en los paraderos de micro y, en el Metro, gritos de protesta. Mujeres y hombres colgaban de los buses. Ese fue el comienzo del Transantiago.


Inspirado en TransMilenio, el sistema de Bogotá, el Transantiago vino a reemplazar al Sistema Licitado de Locomoción Colectiva, conocido popularmente como ‘micros amarillas’, que operó desde 1992 en Santiago. Su esquema consistía en infraestructura y buses nuevos, el uso de una tarjeta de pago —bautizada como ‘bip!’— que sustituyó el dinero en efectivo y una malla de recorridos dividida en 10 zonas. Esta se basó en el uso de servicios locales o alimentadores —los buses que circulaban dentro de sus zonas específicas— y troncales —las líneas que realizaban grandes viajes y conectaban una zona con otra a través de avenidas y arterias de la ciudad—, integrados al Metro de Santiago.

Lejos de funcionar bien, el Transantiago entró en crisis el mismo 10 de febrero. Los problemas de planificación e implementación se reflejaron en la falta de buses, baja frecuencia, ausencia de recorridos en zonas periféricas, malas condiciones sanitarias para los trabajadores, fallas en el sistema de cobros, el colapso del Metro —que duplicó sus cifras históricas de pasajeros—, conductores que no dominaban las rutas, desconocimiento por parte de los usuarios y el surgimiento, como consecuencia, de buses piratas. Se hacía evidente la necesidad de una reestructuración.


Los voluntarios en medio de la crisis

Días antes de la puesta en marcha del Transantiago, un puñado de jóvenes captó la atención de la prensa: “Patrulla juvenil sale a la calle a enseñar cómo andar en micro”, titulaba el jueves 8 de febrero el diario chileno Las Últimas Noticias. Mientras, en televisión, un noticiario los presentaba como “unos apasionados por los buses y el Transantiago”. Como si hubiesen previsto lo que sucedería, un grupo estudiantes se había organizado voluntariamente para enfrentar el cambio. No tenían más de 23 años y se hacían llamar Seres Urbanos.


Hasta ahí, sólo eran una decena de amigos que compartía la afición por la fotografía, los buses y la historia del transporte. Se reunían todos los fines de semana desde fines del año 2006. Tenían blogs y una cuenta de Flickr donde compartían imágenes. Pero, a medida que el 10F —como se le llamó a este día D del transporte chileno— se acercaba, notaron que la información escaseaba, que la gente no estaba al tanto y que los encargados de entregar la ayuda, en realidad, no tenían ni idea. Entonces tomaron el mapa de los recorridos, los estudiaron, publicaron información por zonas en la red social Fotolog (de moda en Chile en esa época) y salieron a la calle.

Los miembros de STPMet suelen subirse a los buses y conversar con los usuarios, para analizar el uso y los problemas que existen. En la foto, de izquierda a derecha, César Barraza, Vicente Durán y Bastián Estay.  Foto: María Ignacia Pentz

“Era una ayuda social, quisimos guiar a quienes estaban perdidos. Era el trabajo que debieron hacer los monitores informativos, pero que no hicieron”, dice Jorge González, un estudiante de Ingeniería en Administración de Empresas de 21 años. “Para ellos no era más que un trabajo de verano. Ahí se generó un gran problema… Nosotros siempre lo hicimos gratis, nunca buscamos un fin económico. Éramos jóvenes y lo hacíamos como una labor social”.

La noche del 9 de febrero, González y sus compañeros tomaron la última ‘micro amarilla’ que iba a Maipú, comuna del sector surponiente de la capital. Al llegar a la Plaza Maipú, ajustaron algunos detalles del plan de contingencia para el día siguiente y observaron, hasta bien entrada la noche, cómo se reordenaba el transporte capitalino. Luego de dormir a duras penas, ansioso, González despertó a las cinco y media de la mañana y partió, otra vez, a la Plaza Maipú, donde se reunió con los demás. “Era tal el desastre, porque además escuchábamos por la radio que no habían buses, que nos repartimos en distintos puntos de Santiago. Yo me fui a la estación de metro Escuela Militar (en el sector oriente). A las siete de la mañana estaba ahí. Estuvimos todo el día informando a la gente que estaba perdida”, rememora.




No hay comentarios.:

Con tecnología de Blogger.